El descanso de los Capuchinos

Palermo es una poblada ciudad de la provincia de Sicilia, donde sus agradables habitantes, cuentan con magníficos monumentos, entre ellos, el santuario de su patrona, Santa Rosalía; el Teatro Massino, (el segundo teatro de ópera más importante después de La Scala de Milán) Cercana a la ciudad, se halla Monreale, desde donde se puede ver una increíble panorámica de Palermo y además alberga una catedral normando-árabe que data del siglo XII.

Sin embargo, existe un lugar que, debido a su carácter macabro, no escapa de las visitas y miradas curiosas que acuden a visitar la ciudad:  Las Catacumbas de los Capuchinos.

Situadas bajo un monasterio de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, en la Plaza Capuccini, originalmente, fue un cementerio donde se enterraba exclusivamente a los frailes de la orden. Pero debido a la escasez de espacio de la cripta original, la necesidad de trasladarlos a un lugar más amplio y de paso, acondicionar el lugar que quedaría vacío, para utilizarlo como refugio u hospital para los viajeros, los hermanos capuchinos comenzaron a excavar criptas subterráneas bajo el altar mayor.

La sorpresa vino cuando los miembros de la orden, al exhumar los cadáveres que estaban enterrados para su traslado, encontraron que  buena parte de ellos se habían conservado en excelentes condiciones, y no presentaban signos de descomposición. Las causas fueron diversas:  la temperatura y humedad relativa del ambiente seco que se daban en este lugar, debido a su porosa piedra caliza, las corrientes de aire, sumado a la costumbre de embalsamar a los difuntos y depositarlos en la cripta sin caja,  habían logrado evitar el proceso natural de putrefacción.

Los restos más antiguos conocidos, son los del hermano Silvestro Gubbio, un monje con fama de santo,  que fue sepultado en el año 1599, con el objeto de que fuera objeto de veneración.

La momia más antigua de las conservadas, el monje Silvestro Gubbio

Hacia el año 1637, la Santa Sede concedió permiso a los capuchinos para que pudieran  enterrar en las criptas, cada vez más amplias, a personas ajenas a la orden.

Con el pasar de los años, los monjes se hicieron más hábiles en la técnica de embalsamamiento por medio de probar diferentes técnicas.

Así llegó a convertirse en una tradición local en la ciudad. Muchos fieles, dejaban por escrito su deseo de ser sepultados en las catacumbas e instrucciones detalladas, como vestuario que llevarían y la postura en que preferían ser colocados. Todo, por estar enterrados en un lugar más cercano a la santidad.

El convento llegó a albergar alrededor de unos 8000 difuntos, enterrados en hileras y por categorías: mujeres, vírgenes, niños, nobles, clérigos, profesionales… como si de un lugar de reposo “temático” se tratara.

La sala de Los Niños

La Sala de las Mujeres

La fórmula secreta de “La Bella Durmiente”

Sin duda alguna, el mayor atractivo de este escalofriante museo es el cuerpo de la pequeña Rosalía Lombardo, fallecida a la tierna edad de dos años debido a una neumonía.

Aunque hace poco más de 90 años que Rosalía falleció, su estado de conservación es tan extraordinario que parece estar durmiendo profundamente, y sus infantiles facciones reflejan un gran sosiego, de ahí el que se le conozca como “La bella Durmiente”.

El estado de conservación de Rosalía es realmente asombroso

Su progenitor, el General Mario Lombardo, desesperado y negándose a buscar a una de las pequeñas de sus 13 hijos, buscó en su amigo, el químico Alfredo Salafia, una fórmula para embalsamar a Rosalía, para que se conservara en el mejor estado posible.

El químico le inyectó una fórmula secreta, consiguiendo los efectos deseados, pero Salafia jamás desveló dicho secreto, y se lo llevó a la tumba.

Sin embargo, en 2009, un equipo de investigadores encabezado por el biólogo Dario Piombino-Mascali, y con el apoyo financiero de National Geographic, consiguieron acceder a las notas personales del químico.

Descubrieron que la fórmula que tan celosamente había guardado, consistía en una mezcla de formol diluida en agua y saturada en sales de zinc, que actuaba como desinfectante y a la vez eliminaba las bacterias. La fórmula incluía alcohol, ácido salicílico y glicerina, que junto con la acción de las condiciones ambientales que había en las catacumbas, contribuyó a que el cuerpo de la pequeña se momificara, sin que se viera atacado por hongos, y previniendo el excesivo secamiento de los tejidos de su cuerpo.

También se le aplicó parafina disuelta en éter en el rostro, lo que favoreció la perfecta conservación de sus facciones a lo largo de los años.

Hasta la fecha, los únicos cambios observados, es que la tez de la pequeña se ha oscurecido. Aun así, Rosalía parece seguir viva y sumida en un profundo sueño, como si esperara a ser despertada.

Fuentes de la información:

Wikipedia

http://www.escalofrios.com

http://www.ngenespanol.com

© Todos los derechos reservados. Redacción: Olga Gómez Ruiz.  Octubre 2012.

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Acerca de Mundo Incógnito

Espacio divulgativo dedicado a temas paranormales, históricos, costumbres antropológicas, ciencia, tecnología, comportamientos sociales y otros.

Publicado el 6 octubre, 2012 en Artículos y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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