“La Bestia” colombiana.

Nombre: Luis Alfredo Garavito. Alias: La Bestia. De profesión: Asesino en serie. Número de asesinatos cometidos: confesos, 140; supuestos, posiblemente más de 170.

Todo un currículum criminal. No en vano, “La bestia” fue reconocido como uno de los asesinos en serie más prolíficos de los últimos tiempos.

Luis Alfredo Garavito no tuvo una infancia fácil.  Nació en 1957, en un municipio de Colombia. El mayor de 7 hermanos, nunca sobresalió como estudiante, lo que su violento y alcohólico padre se encargó de recordarle de forma constante y no de las mejores maneras. “Bastardo” e “imbécil” eran los mejores elogios que recibía de él.

La familia se trasladó un par de veces de ciudad, pero el carácter del padre continuó siendo el mismo: los contínuos maltratos físicos y  psíquicos a la madre, y su forma de tratar a Garavito, como si de un esclavo se tratara, hizo que se acentuara su complejo de inferioridad.

Se volvió introvertido y agresivo ante las burlas y ataques que sufría por parte de sus compañeros de colegio. Todo esto, sumado al hecho de que su padre no le permitiera tener amistades y las insanas influencias de tipo sexual que ejercía sobre él, hizo que Luis Alfredo Garavito, no creciera bajo unas directrices morales adecuadas.

Durante ese tiempo, cuando contaba con 12 años de edad, fue por primera vez torturado y violado por un amigo de su padre y estos abusos se alargaron durante dos años. Tras mudarse nuevamente, el hecho se volvió a repetir, esta vez por parte de un farmacéutico, otro conocido de su progenitor.

En esos cruciales años, se comenzó a forjar la personalidad de Garavito: comenzó a sentir atracción por personas de su mismo sexo. E incluso se atrevió por primera vez a hacer algo que no había hecho nunca antes: acariciar a sus hermanos pequeños.

Siendo adolescente, fue detenido por primera vez, cuando trató de acorralar y acariciar las partes íntimas a un menor. Tras salir libre, su padre lo echó de casa y tuvo que buscarse la vida, pidiendo trabajo y alojamiento en diferentes lugares.

El adolescente Luis Alfredo Garavito

Imitando el comportamiento de su padre, comenzó a beber, y se trasladó a otra ciudad, donde comenzó su nueva doble vida.

Consiguió un trabajo, alquiló una habitación, acudía regularmente a la iglesia y a Alcohólicos Anónimos, pero por las noches, tras beber, su otro “yo” salía a la luz. Acudía a buscar los servicios que los menores que se prostituían, ofrecían cerca de los parques.

Este comportamiento le reportaba goce, pero también culpabilidad, y tras perder su empleo, acudió a un psiquiatra, al que le confió sus pensamientos suicidas, pero le ocultó la verdadera raíz del problema: su gusto por los menores de su mismo sexo y su impotencia con las mujeres, ya que su orientación era bisexual. Garavito también tenía compañeras.

Tras el tratamiento pareció reconstruir su vida, consiguiendo trabajo de nuevo y se comenzó a ver con una mujer con la que jamás consumó relaciones sexuales debido a su impotencia.

En su lugar de trabajo, un supermercado, su lado oscuro, comenzó a luchar por salir. Garavito no podía evitar sentirse atraído por los menores que acudían  a comprar allí, y finalmente dejó que sus impulsos se materializaran.

Durante el almuerzo, marchaba a una población cercana y allí comenzó a violar a menores. Sin embargo, no se conformaba con abusar de ellos. Descubrió que sentía mucho más placer, mordiéndolos, torturándolos con cuchillas de afeitar, y quemándolos con velas o mecheros.

Cuanto más violento era el “encuentro”, más deleite sentía.

Los remordimientos de su otra personalidad más “benigna”, también persistían. Así que cuando cometía sus delitos sexuales, buscaba el perdón divino: leía la Biblia buscando paz.  Pero una vez se sentía aliviado de su carga, volvía a las andadas.

Como clara muestra de esta doble personalidad, Garavito poseía dos libretas: en una de ellas anotaba el nombre de cada niño ultrajado, y en otra, anotaba versículos de la biblia cuando sufría estos “arranques” de arrepentimiento.

En “La bestia” se sumaba un deseo desmedido de placer y de venganza por las humillaciones sufridas durante la infancia, por medio del poder que ejercía sobre sus víctimas.  Y una gran admiración por Adolf Hitler, con el que de alguna forma se sentía identificado.

Llegó a ser ingresado en un psiquiátrico, y de hecho, se le incapacitó por el Instituto de la Seguridad Social de su país, pero a su salida repitió de nuevo la materialización de sus  deseos, con dos menores.

Y los delitos continuaron, aunque jamás fue imputado, a pesar de que haber sido reconocido, precisamente por aquellos dos menores. Su mejor baza eran los aspectos que a muchos asesinos en serie suelen caracterizar: su poder de convicción, que no dudaba en utilizar con psiquiatras y médicos para convencerles de lo beneficiosas que eran sus visitas a Alcohólicos Anónimos, que de paso aprovechaba para acrecentar su lista de delitos sexuales,  la tremenda persuasión que utilizaba con sus víctimas, además de calcular muy bien sus actos para no ser descubierto.

Sin embargo, “La Bestia” aún no había aflorado del todo. Todavía le quedaba un último paso. Hasta el momento se había conformado con torturar y violar. Pero no sería hasta 1992 que Garavito cometió el primero de sus múltiples asesinatos.

La víctima: un niño que tuvo la mala fortuna de hallarse cerca de donde Garavito estaba bebiendo, y deseoso de añadir un nuevo nombre a su macabra libreta. Compró un cuchillo, cuerda y más bebida y tras eso, se acercó al niño ofreciéndole dinero, y se lo llevó a un lugar inhabitado, donde acabó con su vida.

La Bestia comenzó su carrera.  Y su crueldad aumentaba con el tiempo. Ya no se conformaba con matar. Violaba a los menores, los mutilaba cruelmente, los destripaba sin llegar a quitarles la vida, y finalmente segaba su vida.

Garavito se había descontrolado. Entró en una contradictoria espiral de asesinato-arrepentimiento.

Incluso pasó de recitar fervientemente textos bíblicos, a pactar con el Diablo, para practicar ritos  satánicos con los niños asesinados.

Finalmente, la “buena estrella” de Garavito se esfumó. Ocurrió en 1999, cuando John Iván Sabogal, un niño al que acababa de apresar y se disponía a ultrajar y asesinar, comenzó a gritar pidiendo ayuda.

Por suerte, un chatarrero que andaba por allí, escuchó los gritos y comenzó a apedrear e insultar al monstruo. El pequeño John corrió hacia el chatarrero y ambos escaparon, ya que la bestia comenzó a perseguirlos, cuchillo en mano, hasta que éste terminó por abandonar la persecución.

Pidieron ayuda a la Policía y comenzaron la búsqueda hasta que lograron atrapar a Garavito, que se identificó con un falso nombre. Fue reconocido por el menor, y tras algunas investigaciones, encontraron a Luis Alfredo Garavito, culpable de la violación de unos 200 niños y de haber asesinado a más de un centenar. Se descubrió que para llevar a cabo sus fechorías, se había convertido en un asesino itinerante; había recorrido unas varias veces Colombia, dejando su huella por la mayoría de los municipios del país.

Perfil policial de “La Bestia”

Se le sentenció a la máxima condena en el país: 40 años de cárcel, aunque también se solicitó la pena de muerte.

Debido a su buen comportamiento y colaboración con la policía, se ha contemplado que cuando cumpla 24 años de condena se le conceda la libertad condicional, con el total desacuerdo del pueblo colombiano. Pero en 2011, Ecuador pidió su extradición para que cumpliera la pena de 22 años por el asesinato de dos menores, pero en mayo de 2012 fue denegada la petición por la Corte Suprema de Justicia, ya que argumentaron que Garavito ya había sido condenado también por esos dos crímenes.

A fecha de hoy, Garavito continúa encarcelado, pero eso no evita que desde que fue encarcelado haya sido objeto de continuos cambios de prisión y aislamientos, para evitar que lo asesinen, intentos de suicidio por su parte, aunque disfruta de ciertos privilegios por buen comportamiento.

Le sea concedida o no  la libertad condicional en un futuro, esperemos que se cumpla en él con todo el peso, lo que menciona la siguiente cita: “El mayor castigo del culpable, es que nunca será absuelto por su conciencia”

Octubre 2012. Olga Gómez Ruiz

© Todos los derechos reservados.

Fuente de la información: http://www.asesinos-en-serie.com

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Acerca de Mundo Incógnito

Espacio divulgativo dedicado a temas paranormales, históricos, costumbres antropológicas, ciencia, tecnología, comportamientos sociales y otros.

Publicado el 28 octubre, 2012 en Artículos y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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