¿Es beneficioso el uso de gemas?

Gabriel ArteagaPor regla general, ante un tema que desconozco, suelo mostrarme escéptico. En cierta ocasión, una persona me invitó a experimentar con gemas, para conocer sus supuestas propiedades. Tengo que decir que acepté más por el compromiso amistoso, que por curiosidad.

Sin embargo, tengo que reconocer que aquel día me sorprendió el descubrimiento de que las piedras semipreciosas, sí son capaces de ejercer un efecto sobre nosotros.

Me reitero. A pesar de haber visto en alguna tienda de pasada, esos minerales,  y haberme fijado en los pequeños carteles donde indicaban su nombre y supuestas propiedades, dudaba mucho de que realmente tuviera otro valor que no fuera el de adorno.

Sin embargo, tras escuchar a mi anfitriona, sus razonamientos sobre cómo estas gemas, lejos de ser un objeto inerte, podían transmitirnos su energía, decidí comprobar la veracidad.

Algo que me explicó, es que muchas personas que acudían a su negocio a comprar estas gemas, se limitaban a acumularlas como adorno, o como mucho a ponerlas en su monedero de mano, o en un bolsillo, pensando que le daría suerte o que le transmitiría sus propiedades.

Un modo un tanto erróneo de utilizarlas, según ella. Las piedras no son inertes, son seres vivos, ya que en realidad no dejan de ser una formación de moléculas. Y evidentemente, las moléculas en mayor o menor grado y  dependiendo del estado en que se encuentren, emiten una vibración.

Volviendo al experimento, esta amistad me proporcionó un mineral al azar, del que no me dio datos, y a continuación me pidió que me acomodara y tomara el mineral en mi mano. Me indicó que me relajase y tratase de concentrarme en las sensaciones que me transmitía el mineral, sin importar el tiempo que me llevase.

Lo cierto es que no tardé demasiado en percibir cierto calor en la mano, y noté cómo recuperaba una sensación de calma que debido al estrés, hacía un tiempo que había perdido.

No pude menos que sorprenderme. No quiero decir con esto, que se abrió el cielo y me iluminé. Simplemente, percibí esa sensación.

Por supuesto, le pregunté a mi amiga qué piedra me había dado. Era una aguamarina, y según me explicó, entre sus propiedades se trataba de un eficaz calmante en estados emocionales alterados. Sin embargo me recordó que al igual que el resto, no era una piedra para llevar en el “bolsillo” o en el fondo del maletín. Conocedora de que no soy amigo de llevar nada encima, salvo mi reloj, esta amiga me dijo que de la misma forma que acababa de hacer, con cierta regularidad, y si quería librarme de mi estrés temporal, debía “trabajar” con él. Ni más ni menos, que dedicarle un rato cada día y realizar el mismo proceso que acababa de hacer. Meditar y concentrarme en la energía que transmitía la piedra. Por supuesto también me explicó un sencillo método de limpieza para el mineral, ya también son susceptibles de cargarse de la energía que desprendemos.

A los hechos me remito. Yo, un profano y escéptico en la materia, realicé el experimento y resultó. Y continúo haciéndolo, obteniendo resultados similares.

Al fin y al cabo, posiblemente siga siendo un simple mineral para otros incrédulos como yo, pero amparándome en  ese ensayo y los posteriores, así como los resultados, encontré que las gemas, cuando se trabajan, son algo más que un adorno u objeto decorativo.

G. Arteaga.

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Sebastian Bronte

En un momento determinado de mi vida he de reconocer, que sentí cierta atracción sobre las gemas y piedras curativas, ya que afirmaban rotundamente el poder que podían ejercer en tu cuerpo y mente.

Un verano, me fui a una ciudad del norte para visitar una feria  de parapsicología. Me llamo la  atención un stand en el que estaban expuestas todo tipo de gemas, piedras semipreciosas y minerales de todo tipo.

A mi lado, se encontraban dos señoras hablando con la dependienta sobre una gema que les había llamado su atención. Si la memoria no me falla, la gema era una aventurina.

La dependienta les contaba que era excelente como piedra de choque ya que aportaba calma, serenidad y equilibrio.

 Las mujeres la escuchaban atentamente; ni que decir tiene, que yo también. Entonces la dependienta, viendo una venta segura por parte de las dos incautas, se aventuró en contarles una historia que le había pasado con la gema, y ver si de paso les daba  ese pequeño empujón que les faltaba, para que sacasen el monedero.

Esa misma mañana, la chica estaba preparando su ropa para comenzar su jornada, cuando se dio cuenta que los zapatos que había traído no le combinaban con el vestido que tenia que ponerse. Muy apesadumbrada por semejante calamidad, pidió ayuda a la gema aventurina.

Les contó, que sujetando la gema durante unos minutos en sus manos, sintió como su estado de ánimo cambiaba y la calma y positividad, invadían su mente de manera que le fue indiferente que no fuese conjuntada y se marchó a trabajar.

Las señoras quedaron más que convencidas de los poderes de la gema, pero por si las moscas, la dependienta  le colocó la gema a una de ella en la mano y le pregunto si sentía por sí misma esos efectos. Ésta , que no hacía ni quince segundos que la tenía en las manos, me sorprendió diciendo, que ciertamente sentía la fuerza y sacando la cartera, pagó 20 euros por una gema que no era más grande que una cereza.

Un poco descolocado por lo que acababa de presenciar, decidí tocar la gema sin que me viesen. Por mucho que me concentrase, no sentí absolutamente nada, claro esta, que mi  traje combinaba a la perfección con mis zapatos.

Personalmente, no conozco a nadie, que por llevar una gema o piedra, en el bolsillo, colgada del cuello o en un pulsera, le resultase beneficioso para su reuma, depresión o fuese más listo y sensitivo.

Lo que quiero decir con esta historia y sin ofender a nadie, es que el único “beneficio” que pude detectar aquel día, fue el que obtuvo la dependienta al sugestionar lo suficiente a las señoras para sacarles los cuartos. 

 S. Bronte.

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Espacio divulgativo dedicado a temas paranormales, históricos, costumbres antropológicas, ciencia, tecnología, comportamientos sociales y otros.

Publicado el 15 marzo, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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