Los demonios de Loudun

Entre las singularidades del siglo XVII no sólo se contaba la fundación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales,  el desarrollo de la ley de la gravedad a manos de Isaac Newton o el hecho de que Cervantes escribiese la que más tarde se consideró la mejor obra de la literatura Universal: “Don Quijote de la Mancha”.

En este periodo, donde todo parecía encaminado al progreso, todavía estaba muy arraigada la creencia del maligno, y se dieron casos realmente sorprendentes de posesiones demoniacas en el seno de la Iglesia. La huella del Diablo, estuvo presente en lugares tan poco habituales como conventos.

Entre uno de los más famosos, está el caso de las endemoniadas de Loudun, acaecido en Francia, en el año 1634, en un convento de monjas ursulinas de la pequeña ciudad que tiene el mismo nombre que dicho convento.

El propio cardenal Richelieu, quien por aquel entonces, era un personaje de alta relevancia, debido a la gravedad del asunto, se vió obligado a  tomar cartas en el mismo.

La madre superiora, Jeanne des Anges, junto a algunas de las monjas que vivían en el convento, mostraron claros signos de posesión. En uno de sus libros, el Padre Fortea, explica que cuatro mujeres laicas y siete monjas, fueron poseídas, además de algunas mujeres más, que si bien no llegaron a estarlo, sí que sufrieron una serie de fenómenos.

Para buscar la causa de este suceso hay que remontarse a la llegada a Loudun, de un sacerdote llamado Urbain Grandier.

El sacerdote Urban Grandier

El sacerdote Urban Grandier

Este sacerdote, no sólo era carismático, por sus dotes de conversador y su apariencia física. Culto, educado y agradable, no tardó en hacerse el objeto de admiración de las mujeres del lugar, así como de algunos personajes de la aristocracia, entre ellos, el propio Gobernador de la ciudad, quien le otorgó sus favores.

Como contrapartida, el sacerdote se hizo blanco de la antipatía y envidias de algunos ciudadanos, entre ellos, el Lieutenant Criminel, jefe de la autoridad de la localidad. No obstante, cabe decir que esta impopularidad la obtuvo por méritos propios, ya que entre algunas de las “virtudes” del nuevo sacerdote, se hallaba un elevado ego. Su complejo de superioridad le llevó a ofender en un importante evento a un prior, exigiendo ir en un lugar más ensalzado que éste. Lo que no sabía Grandier es que este prior resultaría ser con el tiempo, ni más ni menos, que el Cardenal Richelieu.

Aunque el futuro Cardenal no pudo tomarse la revancha en aquel momento, ya que no se encontraba en un momento adecuado para ello, pues estaba desterrado, esa humillación no cayó en saco roto y con el tiempo llegaría a costarle muy cara a Grandier.

Otra de las grandes debilidades de Urbain Grandier eran las mujeres. La llama que prendió la mecha fueron sus escarceos con una viuda del lugar, a la que abandonó para iniciar una aventura amorosa con una de las hijas del fiscal Louis Trincant.

Por supuesto, la hija del fiscal quedó embarazada del sacerdote, quien a su vez se desentendió del asunto, consiguiendo añadir a su lista de enemigos, al deshonrado fiscal, quien quedó en evidencia ante los ciudadanos de Loudun; y por extensión a su sobrino, que era canónigo, y  al que fuera pretendiente de la  muchacha, que tenía el nada desdeñable cargo de abogado del rey.

Pero entre éstos y muchos otros, se sumó  Jacques Thibault, un agente del Cardenal Richelieu, con el que Grandier se había discutido no pocas veces.

Ante el testimonio del grupo,  y otros tantos, Grandier terminó siendo acusado y encarcelado. Pero su amistad con el Gobernante y con otros relevantes personajes lo libró de su encierro. El obispo de Poitiers, quien tuvo a bien devolverle su cargo, le recomendó marchar a otro lugar para seguir ejerciendo el sacerdocio, con el fin de evitar más enfrentamientos.

Pero Grandier, ante todo pronóstico y muy confiado de sí mismo, volvió a Loudun, para desafiar con su vuelta a sus contrarios.

 Tratos con el Maligno

 El prior que anteriormente fuera humillado por Grandier, fue poco tiempo después liberado de su  destierro y llamado a ser primer ministro y cardenal del rey Luis XIII.

Entre las primeras medidas que tomó el prior, conocido a partir de aquel momento como Cardenal Richelieu, llegó a convencer al rey Luis XIII, que lo más adecuado era eliminar de escena a todos aquellos señores feudales, que poseían grandes fortalezas, y de paso a los protestantes que vivían bajo su mando, para evitar que pudieran hacerse más numerosos y reunieran suficiente poder entre las masas, para hacer frente al monarca.

Entre esos objetivos estaba la pequeña ciudad de Loudun y su fortificación, quienes cumplían todos esos requisitos.

 El favorito de Richelieu se encaminó a cumplir su misión. Y  lo que allí encontró, facilitó su tarea de acometer contra el Gobernador de Loudun.

El barón de Laubardemont, a su llegada a la ciudad, se encontró con el escándalo en que se veía inmerso un pobre convento de ursulinas, fundado recientemente.

Un grupo de monjas, estaban siendo víctimas de posesiones diabólicas, entre ellas, la madre superiora, Sor Jeanne des Anges, una religiosa con expectativas de cierta grandeza.

Lo cierto es que mostraban todos los signos de que el Diablo había tomado sus almas, porque Nicolas Aubin, un pastor protestante, escribió en su particular vista del suceso que “las monjas golpeaban con sus cabezas sus propios pechos y espaldas, como si tuvieran sus cuellos rotos y con inconcebible rapidez. Que retorcían sus brazos en las articulaciones del hombro, del codo o de la muñeca, dándoles vueltas tres o cuatro veces. Que se tumbaban sobre sus vientres mientras se agarraban con sus manos a las plantas de sus pies. Que sus caras eran aterradoras, que sus ojos podían permanecer abiertos sin parpadear. Que proferían gritos como nunca antes había oído. Que hacían uso de expresiones tan indecentes que hubieran avergonzado al más depravado de los hombres, mientras se exponían a sí mismas invitando a conducta lujuriosa.”

Endemoniadas Loudun Madre Juana

El padre Mignon, que casualmente, no sólo era sobrino del fiscal deshonrado, sino que también era el confesor de las ursulinas, había iniciado una serie de exorcismos con el propósito de librar a las sufridas monjas de sus tormentos. No tardó en obtener la confesión de que quien provocaba todo ese trasiego, era Grandier, quien ordenaba a un numeroso grupo de demonios que acudieran a atormentarlas. Quien encabezaba toda esta “posesión” histérico-colectiva, era por supuesto, la madre superiora, supuesta víctima de estar bajo el poder de varios demonios.

Debido a que el escándalo cada vez tomaba mayores dimensiones, se le prohibió al padre Mignon que continuara con los exorcismos. Laubardemont, por supuesto, puso al día al Cardenal Richelieu del suceso, quien a su vez, le dio luz verde para hacer lo que considerara necesario. Sabiendo que Grandier estaba de lleno implicado en tan delicado asunto, Richelieu encontró de paso su oportunidad de oro, para resarcirse con creces, de la humillación a la que el sacerdote le había sometido  en el pasado.

Pero ¿Qué tenía que ver Grandier con este convento de ursulinas? Nada, excepto su negativa a la propuesta que le hicieron para que fuera su padre confesor, puesto que ocupó Mignon.

Por supuesto, no tardó en llevarse a cabo una investigación, que sumada al testimonio de sus enemigos, a algunos “trapos sucios” que salieron, como una supuesta sátira que Grandier había escrito sobre Richelieu, un documento donde arremetía contra la imposición del celibato en los deberes sacerdotales y para más infortunio, la declaración de Sor Jeanne des Anges, quien afirmaba que Grandier había embrujado a las religiosas lanzando un ramo de rosas maldito sobre el muro del convento, hizo que se encontrara culpable a Grandier de brujo.

El favorito de Richelieu, constituyó un tribunal y reunió a tres exorcistas para librar a las pobres monjas, que ya no lo eran tanto, pues pasaron de la pobreza a la opulencia y del anonimato a la popularidad (algo que satisfizo enormemente el deseo de la madre superiora de ser célebre), debido a las donaciones y a una renta que se les destinó, para ayudarlas en el trance por el que estaban pasando.

Tras una serie de exorcismos fallidos, a pesar de que Grandier trató de demostrar su inocencia, y de la inútil ayuda de sus influyentes amistades, el sacerdote fue encarcelado y torturado para que confesara. Entre otras pruebas, se había encontrado un presunto pacto que el sacerdote había hecho con el diablo, escrito por su puño y letra y con su propia sangre y que decía:

“Monseñor y Maestro: os reconozco mi dios, prometo serviros mientras viva y desde ahora renuncio a todos los demás, y a Jesucristo y a María y a todos los Santos del Cielo y a la Iglesia Apostólica Romana, a todos los sufragios de esta última y preces que podrían hacer por mí; prometo adoraros y haceros ofrendas por lo menos tres veces al día y cometer todo el mal que pueda y arrastrar a hacer el mal a tantas personas como me sea posible. Firmado: Urban Grandier, con su propia sangre”.

Supuesto pacto con el Diablo, escrito por Grandier con su puño y letra, y su sangre.

Tras infructuosas y terribles torturas, que no consiguieron que Grandier se declarara culpable de haber embrujado a las monjas, fue condenado a ser quemado vivo.

Una serie de irregularidades que se dieron durante su ejecución, entre ellas, la desaparición de la soga con la que el tribunal, en su condescendencia, había prometido estrangular a Grandier antes de ser quemado, para evitarle más sufrimiento, mostró el rencor que le guardaban sus adversarios.La ejecución de Grandier.

Ejecución de Grandier.

Como muestra de la teatralidad de estas religiosas, incluso una vez libres del influjo del “brujo” Grandier ya muerto, durante mucho tiempo continuaron con su farsa de posesiones, quien sabe con qué propósito.

Quien sin duda salió ganadora de la lucha contra el Maligno, fue Sor Jeanne Des Anges,  quien ya célebre, gracias a su “calamidad”, se atribuyeron dotes de “milagrera” y viajó por toda Francia para hacer demostraciones de sus poderes sobrenaturales y “venidos del cielo”, por su penitente religiosidad.

© Todos los derechos reservados. Escrito por Olga Gómez. Marzo 2013

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Datos y fuentes de la información:

* Artículo “Las endemoniadas de Loudun” de “Enigmas Históricos”.

Autor: Oscar Herradón

* Summa Daemoniaca. Tratado de demonología y manual de exorcistas.

Autor: Padre José Antonio Fortea.

* Web http://www.paranormal.com.ar

Lectura recomendada: Los demonios de Loudun.

Autor: Aldous Huxley.

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Acerca de Mundo Incógnito

Espacio divulgativo dedicado a temas paranormales, históricos, costumbres antropológicas, ciencia, tecnología, comportamientos sociales y otros.

Publicado el 23 marzo, 2013 en Artículos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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