La evolución humana (IV): La fuerza de la verdad por Fernando Barnils

Tras haber superado el primer escalón de las necesidades vitales de supervivencia, el segundo de la relación parental, y explicado el tercero de la necesidad de la creencia en una fuerza superior. Hoy me dispongo a explicar un nuevo escalón, que por supuesto, contiene en si mismo a los otros tres anteriores.

A partir de este nuevo estadio evolutivo, no nos va ser fácil entender o mejor dicho, nos va a costar más entender, cada nuevo escalón de la evolución humano.

Ahora vamos ha entrar de lleno en la etapa de la necesidad de la “fuerza de la verdad”, esta fuerza de la verdad y la anterior, necesidad de la creencia en una fuerza superior, son realidades, en las que en mayor o menor medida, las sociedades y culturas actuales, atraviesan en la actualidad, el tercero, -esa creencia en una fuerza superior, se encuentra desigualmente repartida, en las diferentes zonas geográficas.

Este cuarto escalón de –la fuerza de la verdad-, veremos, como comenzó, ya hace muchos siglos, sin embargo, es un escalón evolutivo, que en algunos
puntos de la geografía mundial, apenas ha empezado.
La inquietud del ser humano, conforme a su propia evolución, es la de la búsqueda de una explicación, y la de saber, porque las cosas son lo que son.

Esta inquietud, comienza a tener respuesta, gracias a la progresión de la inteligencia y del pensamiento humano.

A raíz de las matemáticas, la geometría, la medicina –Galeno-, la óptica, la
mecánica…. Me disculpo por pasar tan por encima, de los inicios empíricos, pero existe muchísima información, para poder satisfacer la sed de saber más, a través de tratados y literatura teórica, sobre la ciencia y sus inicios. Lo cierto es, que desde el nacimiento de la investigación (práctica), a través de la ciencia (teoría), se producen notables cambios, en la visión de nuestro propio ser y de la naturaleza que percibimos.

A la vez que gracias a la invención y creatividad, se producen en la práctica, utilidades para la ayuda y mejora de las condiciones de habitabilidad y bienestar humano. También la investigación científica, comienza a dar una explicación rigurosa de la realidad.
Se producen, no pocas fricciones, entre la religión y la ciencia. Algunas cosas que hasta un cierto momento, habían sido dogmáticas e incuestionables, pasan ha ser realidades naturales, explicadas, con rigor científico. El continente europeo, ve nacer a Nicolás Copérnico y a Galileo Galilei. El primero es el creador de la teoría del heliocentrismo, y Galileo, gran aficionado a la óptica y a la astronomía, demuestra finalmente, que la tierra, gira alrededor del Sol.

Explicó con su gran facilidad narrativa, su descubrimiento  y pensó al mismo tiempo, que la Iglesia, admitiría la independencia de la ciencia. Pero ahí se equivocó y eso casi le costó la vida, y tubo que admitir frente a los inquisidores, que se había equivocado y que la tierra seguía siendo el centro del universo. Se dice que de ahí, nació una celebre frase de Galileo, que tras someterse a la justicia de la Santa Inquisición, y tras verse obligado a retractarse, para salvar su propia vida, al retirarse del tribunal que lo juzgó, dijo en un susurro inaudible: “Y sin embargo, se mueve”.

Este nacimiento de la ciencia, que tiene sus orígenes en el “Renacimiento”, es imparable y nace para quedarse, hasta el fin de nuestra civilización. Cuando un determinado fenómeno, es explicado con rigor científico, es algo que deja de ser cuestionable, para pasar a ser ciencia y en una verdad incuestionable.
Precisamente la ciencia, explica lo inexplicable, hasta el momento, y gracias a ella la humanidad avanza imparablemente, en la dirección evolutiva de dar explicación a lo que formaba anteriormente, una incógnita pendiente de explicar.

La ciencia experimental, consigue reproducir un determinado efecto, en base a la reproducción de unas determinadas condiciones teóricas o de experimentales. Es necesario entender al mismo tiempo, que existen creencias de la utilidad de determinados fenómenos o presuntos resultados de otras características que no pertenecen a ninguna rama de la ciencia.

Estas son las llamadas pseudociencias, como pueden ser: la astrología, la alquimia, la quiromancia, el psicoanálisis, la acupuntura, la homeopatía, la reflexología, la ufología…
Gracias a la ciencia y su digamos reciente aparición en la historia de la humanidad, podemos decir que en apenas quinientos años, el avance del conocimiento, ha sido inmensamente mayor, que lo fue durante los anteriores cientos de miles de siglos.
Así es como, nuestras generaciones actuales, tienen y tenemos el privilegio de hallarnos inmersos, en un periodo evolutivo que avanza exponencialmente, por los caminos de la ciencia, la investigación y el desarrollo de los medios necesarios, para evolucionar en el avance del conocimiento humano.

© Fernando Barnils

Noche_estrellada

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Espacio divulgativo dedicado a temas paranormales, históricos, costumbres antropológicas, ciencia, tecnología, comportamientos sociales y otros.

Publicado el 20 junio, 2013 en Artículos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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